Mitos y verdades de las asfixias por inmersión
¿Cuánto tiempo hay que esperar para bañarse después de comer? ¿Se puede beber alcohol antes de entrar al agua? ¿Sirven las “alitas” para evitar que los niños se ahoguen? Sepa las respuestas a estas inquietudes tan comunes que surgen al momento de disfrutar de un día de esparcimiento en el agua.
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Las cifras son elocuentes. La asfixia por inmersión es la primera causa de muerte accidental en niños entre uno y cuatro años; y el tercer motivo de deceso en el caso de menores de 14 años. De hecho, al año se registran alrededor de 2 mil 500 ahogamientos.La enfermera del Centro de Formación Técnica Enac, Michelle Matthey explica los mitos y verdades de las asfixias por inmersión.
La especialista es enfática en señalar que la aplicación del RCP (reanimación cardiopulmonar), es fundamental en caso de ahogamiento, debe practicarse incluso dentro del agua y no debe detenerse hasta que la persona afectada llegue al centro de urgencia.
La especialista aclara, además, algunas creencias y actitudes inadecuadas que aumentan los riesgos de asfixia por inmersión, tanto en piscinas como en el mar y ríos:
Piscinazo después de la comida: Una duda común de esta temporada tiene que ver con cuánto tiempo debe pasar entre la ingesta de comida y el momento en que uno se puede meter al agua. Según Matthey, se considera que, en promedio, para un almuerzo normal, lo adecuado sería esperar de media a una hora. Si se trata de un asado, en cambio (que comúnmente acompañan a los días de piscina), lo recomendable es esperar entre una y dos horas.
Nada de alcohol en el cuerpo: La enfermera de Enac enfatiza que el alcohol es un fuerte impedimento si se quiere entrar al agua, sobre todo a mares y lagos, pues “al igual que para la conducción de vehículos, el alcohol reduce la velocidad de reacción y altera la coordinación. De esta forma, ni el que se baña ni el que cuida a los bañistas debe ingerir alcohol”, sostiene.
Alitas y flotadores no disminuyen el riesgo: Uno de los mitos más importantes en este tema es la idea que tienen algunos padres de que si dejan a sus menores con alitas y flotadores los previenen de una posible inmersión. Lamentablemente eso no es así, pues según Matthey, el uso de estos implementos no disminuye el riesgo. Es más, el niño requiere de una destreza psicomotora para mantener la cabeza fuera del agua, por lo que necesita ser supervisado.
Cadena de salvación: También existe la tendencia común de pensar que al momento de ver que alguien se está ahogando hay que meterse inmediatamente al agua para socorrerlo. Matthey señala que esto también es incorrecto, pues lo primero es pedir ayuda, crear una cadena solidaria, para evitar que quien ingrese al agua se ahogue también sin que nadie se dé cuenta.
Además, “si el accidente es en mar o lago no hay que lanzarse al agua, a menos que la persona sea rescatista, y si el accidente es en río (que no son aptos para el baño), hay que seguir a la víctima por tierra y lanzarle objetos para que pueda sostenerse”, afirma Matthey.
La especialista es enfática en señalar que la aplicación del RCP (reanimación cardiopulmonar), es fundamental en caso de ahogamiento, debe practicarse incluso dentro del agua y no debe detenerse hasta que la persona afectada llegue al centro de urgencia.
La especialista aclara, además, algunas creencias y actitudes inadecuadas que aumentan los riesgos de asfixia por inmersión, tanto en piscinas como en el mar y ríos:
Piscinazo después de la comida: Una duda común de esta temporada tiene que ver con cuánto tiempo debe pasar entre la ingesta de comida y el momento en que uno se puede meter al agua. Según Matthey, se considera que, en promedio, para un almuerzo normal, lo adecuado sería esperar de media a una hora. Si se trata de un asado, en cambio (que comúnmente acompañan a los días de piscina), lo recomendable es esperar entre una y dos horas.
Nada de alcohol en el cuerpo: La enfermera de Enac enfatiza que el alcohol es un fuerte impedimento si se quiere entrar al agua, sobre todo a mares y lagos, pues “al igual que para la conducción de vehículos, el alcohol reduce la velocidad de reacción y altera la coordinación. De esta forma, ni el que se baña ni el que cuida a los bañistas debe ingerir alcohol”, sostiene.
Alitas y flotadores no disminuyen el riesgo: Uno de los mitos más importantes en este tema es la idea que tienen algunos padres de que si dejan a sus menores con alitas y flotadores los previenen de una posible inmersión. Lamentablemente eso no es así, pues según Matthey, el uso de estos implementos no disminuye el riesgo. Es más, el niño requiere de una destreza psicomotora para mantener la cabeza fuera del agua, por lo que necesita ser supervisado.
Cadena de salvación: También existe la tendencia común de pensar que al momento de ver que alguien se está ahogando hay que meterse inmediatamente al agua para socorrerlo. Matthey señala que esto también es incorrecto, pues lo primero es pedir ayuda, crear una cadena solidaria, para evitar que quien ingrese al agua se ahogue también sin que nadie se dé cuenta.
Además, “si el accidente es en mar o lago no hay que lanzarse al agua, a menos que la persona sea rescatista, y si el accidente es en río (que no son aptos para el baño), hay que seguir a la víctima por tierra y lanzarle objetos para que pueda sostenerse”, afirma Matthey.
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